Te piden precio. Agarrás un papelito que tenés a mano, sumás con la calculadora y le escribís: "Total $150.000". Se lo das al cliente. Él lo mira, lo guarda en el bolsillo y se va a "pensarlo". Probablemente no vuelva.
Un presupuesto informal grita "improvisación". Si sos desprolijo para cobrar, el cliente asume que sos desprolijo para reparar.
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